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Javier Cuevas Urbina, egresado EAO-UTE: “Solamente tengo palabras de elogio, gratitud y agradecimiento hacia la Madre Escuela”

El sábado 8 de noviembre, en el contexto del 113° Encuentro de Egresados, será reconocido el “Testimonio de vida” de Javier Cuevas Urbina, Técnico Fundidor de la Universidad Técnica del Estado (UTE) y profesor de la institución por más de 30 años. En la ceremonia, se tributará su compromiso con los valores y principios de la institución, que ha desarrollado y reivindicado durante toda su vida.

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Javier Cuevas (92) pide detener unos segundos la entrevista, tratando de contener la emoción. Fue una pausa sincera, de esas que condensan alegría y nostalgia de lo vivido.  Aconteció mientras dimensionaba lo importante que ha sido para él la Escuela de Artes y Oficios (EAO), la Universidad Técnica (UTE) y la U. de Santiago de Chile. “Esto no me ocurre fácilmente”, pronuncia, agregando que los frutos que ha dejado a lo largo de su vida son producto de la Casa de Estudios.

Años intensos

Su trayecto en nuestra institución comenzó en 1938, momento en que inició sus clases en Tercero de Humanidades en la EAO.
Fue una decisión difícil desde el ámbito personal. Sobre todo, por la reciente muerte de su padre y la obligación de trasladarse desde su natal Curicó a Santiago, dejando atrás familiares y amigos. Tenía 16 años.

Ingresó al plan común, donde debía cursar los cinco talleres impartidos: Mecánica, Metalurgia, Carpintería, Sanitaria y Forja. “El primer taller fue un fracaso, porque no tenía las habilidades que se necesitaban. Saqué nota 2, de manera de que no podría optar por las especialidades de Mecánica o Electricidad. Entonces elegí Fundición, porque era un área manual que yo podía desarrollar”, rememora.

Fueron años intensos dentro del internado de la EAO y arduos en términos emocionales. Nuevos compañeros, profesores y una vida alejada de su madre y hermanos, lo llevaron a madurar de golpe. El apoyo que tuvo de una “comadre” de su familia y de un apoderado, que lo acogieron como si fuera un hijo, fue clave para enfrentar esta nueva etapa formativa y de crecimiento personal.

Al concluir sus estudios de oficio, continuó especializándose en la Universidad, pasando a cursar Técnico Fundidor junto a quince compañeros. Recibió su título universitario en 1953.


Labor formativa

Sin embargo, su destino podría haberse desarrollado ajeno a su Alma Máter, ya que en 1944 ingresó a trabajar en la Maestranza de Ferrocarriles ubicada en San Bernardo. “Ahí estaba como maestro moldeador, realizando lo mismo que había hecho en la Escuela”, señala.

Pero una sorpresiva invitación lo traería de regreso a la EAO, convocándolo a integrarse como profesor ayudante en el taller de Fundición. Permaneció hasta 1976, realizando clases en el área de Metalurgia, además de dirigir el Laboratorio de la unidad.  

Sus alumnos, uno de los artífices de su reconocimiento, resaltan la calidad y dedicación de sus clases, que buscaban proporcionar elementos tanto analíticos como prácticos, que fueran un poco más allá en términos formativos.

Sobre este punto, comenta que realizó diversas especializaciones y prácticas profesionales que robustecieran sus conocimientos en Metalurgia. Por ejemplo, asistió a Sewell y Caletones, donde pudo compartir con especialistas y trabajadores, quienes le transmitieron los últimos procesos y técnicas utilizadas en la época.

Su objetivo era uno sólo: entregar la mejor preparación para los futuros profesionales. “De eso se trataba. No estaba solamente repitiendo, sino que entregando algo que yo había aprendido experimentalmente, en la práctica”, enfatiza.

Recuerda con orgullo lo ocurrido en el 112° Encuentro de Egresados, instancia en que Germán “Chico” Álamos, uno de sus alumnos en la Universidad, se le acercó sorpresivamente, dándole un efusivo saludo y agradeciéndole su abnegada labor como maestro.

Agradecido de la Madre Escuela

Al evaluar su experiencia como académico y estudiante de la Universidad, considera que tiene una deuda con la Corporación, debido al invaluable aporte tanto en el ámbito personal como profesional, destacando que en ella “siempre hubo compañerismo. Era una familia unida”.

Además, valora que su paso por la Universidad le permitió consolidar su proyecto familiar junto a su esposa -cumplió 60 años de matrimonio el 30 de abril- y sus hijos. “Formé mi familia, mi hogar y eduqué a mis hijos. Solamente tengo palabras de elogio, de gratitud y de agradecimiento para la Escuela. Todo esto es gracias a que pasé por la EAO, la UTE y la Usach”.

Más información sobre el Encuentro de Egresados: http://bit.ly/EncuentroEgresados

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Por Simón Pérez Seballos
Coordinador Área Comunicación Estratégica
Fudea U. de Santiago de Chile