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U. de Santiago homenajeará 50 años del Bafute

Desde mediados de marzo, 30 integrantes históricos de Bafute, tanto bailarines como músicos, se encuentran ensayando en las dependencias de la Unidad de Vocación Artística de la U. de Santiago de Chile. Alistan detalles para la histórica presentación que se desarrollará el 26 de junio en el Aula Magna, fecha donde se conmemorarán los 50 años de la agrupación.

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Ha sido un regreso cargado de emociones a la Universidad, donde la nostalgia, la pasión y ese espíritu de camaradería, solidaridad y profesionalismo, ha vuelto a impregnarse en cada uno de los participantes de esta inédita actividad, que celebrará a lo grande los 50 años del Ballet Folklórico de la Universidad Técnica del Estado (Bafute).

La actividad es organizada por la Unidad de Vocación Artística del plantel, perteneciente a la Vicerrectoría de Apoyo al Estudiante, y cuenta con la colaboración de la Fundación de Egresados y Amigos de la Casa de Estudios (Fudea).

Jorge Orellana, quien formó parte del conjunto entre 1974 y 1983, es uno de los bailarines que se encuentra ensayando de forma sigilosa todos los jueves a las 19.30 hrs., en la pista de baile de la Unidad de Vocación Artística de Corporación.

Poco a poco, al igual que sus compañeras y compañeras, ha vuelto a retomar el rigor y esa inextinguible mística, de la cual se considera un orgulloso protagonista.

“Era un grupo que pensaba”

El Ballet Folklórico de la Universidad Técnica del Estado (Bafute) fue fundado en junio de 1965. “Norte”, “Gañanes”, “Chiloé” y “Huasos” componían parte de su repertorio. Es la agrupación en su género más antigua del país.

Al rememorar esos años, Orellana recuerda con orgullo el haber integrado un conjunto de la tradición y prestigio del ballet folklórico de la Casa de Estudios. “Era un grupo que pensaba, que hacía cosas: que proponía”, enfatiza.

Del Teatro Municipal a la Plaza Garín. De Carrascal al Estadio Chile. Así de heterogéneo era el abanico de escenarios donde el Bafute se presentó en plena dictadura. “Nosotros hacíamos nuestra pega. Bailábamos, ensayábamos (…), y si había que ir al Diego Portales a hacer el esquinazo, íbamos, y si teníamos que ir a la población a hacer una función de beneficio para la olla común, también”.

Orellana considera que este aspecto debe realzarse, porque “estuvimos en el Hyatt, el Municipal de Viña, de Santiago, de Temuco, y también en el patio de tierra de la Escuela 827 de Pudahuel, de la Escuela 25 de San Felipe. Para nosotros, todas las presentaciones tenían la misma importancia y seriedad”.

 

Mística intacta  Al ser consultado por las relaciones humanas que se generaron en esa época, afirma que hasta el día de hoy comparte con parte substancial del elenco histórico. La clave, a su juicio, es que como grupo “aprendimos a compartir con nuestras diferencias, con nuestras virtudes y con nuestros defectos. Y nos llegamos a querer y amar entrañablemente entre nosotros. Nos cuidábamos mucho unos a otros”. Esa complicidad, agrega, nació en las actuaciones, en las giras, “en llegar con los riñones en la mano después de viajar en la micro amarilla de la Universidad a la Serena, de dormir en el suelo en un colchón tirado. Esa era la pega: eso era hacer arte”. Sobre el regreso a los escenarios de forma profesional, Orellana asegura que la clave está en realizar un espectáculo que cuente con la misma calidad y excelencia de lo realizado en décadas pasadas, “porque nosotros no venimos a hacer el ridículo o a dar pena”, recalca. “A lo mejor de los cuatro giros que hacíamos en el trote vamos a hacer uno. Lo vamos a remozar un poco. Pero la mística y las ganas están”, señala. Para finalizar, junto con dejar invitada a la comunidad a sumarse desde ya a la celebración, realiza un llamado a las nuevas generaciones, para que continúen empapándose del arte y la danza, entregándose de corazón y con pasión al llamado de estas disciplinas. “Yo creo que lo esencial es amar lo que uno hace, independiente de que reciba o no reciba remuneración o un rédito por ello. Y al Bafute lo amábamos”, concluye. ********** Por Simón Pérez Seballos Coordinador de Comunicaciones Fudea U. de Santiago de Chile

Mística intacta 

Al ser consultado por las relaciones humanas que se generaron en esa época, afirma que hasta el día de hoy comparte con parte substancial del elenco histórico.

La clave, a su juicio, es que como grupo “aprendimos a compartir con nuestras diferencias, con nuestras virtudes y con nuestros defectos. Y nos llegamos a querer y amar entrañablemente entre nosotros. Nos cuidábamos mucho unos a otros”.

Esa complicidad, agrega, nació en las actuaciones, en las giras, “en llegar con los riñones en la mano después de viajar en la micro amarilla de la Universidad a la Serena, de dormir en el suelo en un colchón tirado. Esa era la pega: eso era hacer arte”.

Sobre el regreso a los escenarios de forma profesional, Orellana asegura que la clave está en realizar un espectáculo que cuente con la misma calidad y excelencia de lo realizado en décadas pasadas, “porque nosotros no venimos a hacer el ridículo o a dar pena”, recalca.

“A lo mejor de los cuatro giros que hacíamos en el trote vamos a hacer uno. Lo vamos a remozar un poco. Pero la mística y las ganas están”, señala.

Para finalizar, junto con dejar invitada a la comunidad a sumarse desde ya a la celebración, realiza un llamado a las nuevas generaciones, para que continúen empapándose del arte y la danza, entregándose de corazón y con pasión al llamado de estas disciplinas.

“Yo creo que lo esencial es amar lo que uno hace, independiente de que reciba o no reciba remuneración o un rédito por ello. Y al Bafute lo amábamos”, concluye.

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Por Simón Pérez Seballos
Coordinador de Comunicaciones
Fudea U. de Santiago de Chile