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Director Musical del Bafusach: “Hay una deuda de gratitud con toda la gente que ha pasado por el grupo”

Genaro Arias, Director Musical por más de 25 años del Ballet Folklórico de la Universidad de Santiago de Chile, repasa algunos aspectos claves de la historia e impronta de la emblemática agrupación de nuestra Corporación, que celebrará a lo grande su medio siglo de trayectoria el 26 de junio en el Aula Magna. La actividad tendrá en escena a integrantes del Bafute, ex bailarines históricos del Bafusach, junto con la participación del actual elenco.

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El 26 de junio, desde las 19.00 hrs., se realizará en el Aula Magna la conmemoración de los 50 años de vida del Ballet Folklórico de la U. de Santiago de Chile (Bafusach), iniciativa organizada por la Unidad de Vocación Artística del plantel y que cuenta con el apoyo de la Fundación de Egresados y Amigos (Fudea). En ella, junto con tributar el legado de la emblemática agrupación, se presentará la obra “Violeta, entre luces y sombras”.

Uno de los artífices de esta inédita iniciativa es Genaro Arias, Director Musical del Ballet Folklórico del plantel.

El académico ingresó al Bafusach en 1989, proveniente de la Universidad Austral, donde estudió Música y además formó parte del Ballet Folklórico de dicha institución.  

Producto de una serie de cambios en la agrupación y ante la urgencia de concretar una gira por Argentina en 1991, asume el rol de Director Musical, cargo que ocupa hasta el día de hoy.

Sello Bafusach

Al momento de caracterizar el sello distintivo del Bafusach, Arias destaca la impronta y mirada artística de Carlos Reyes Zárate, quien estuvo a cargo de la Dirección General del grupo por casi 30 años.

Bajo su liderazgo, considera que “se toma muy en serio este concepto de la coreografía. O sea, de la escritura en el movimiento, en donde cada gesto tenga una referencia en términos culturales y sea entendido como un signo que se pueda leer. No mera apreciación plástica de la perfección del movimiento en términos formales, sino en términos de contenido”.

Ejemplifica con “La fiesta de Cuasimodo”, obra interpretada por la agrupación. En esta representación, los bailarines realizan “diagonales”, que no se sustentan en sí mismas, sino que “son las calles por donde pasa la procesión”.

“La diagonal no se justifica únicamente porque se ve bonito, sino que es una forma de aludir a un espacio otro que no acontece en el escenario. Entonces, de esa manera el escenario se abre y dialoga con la comunidad”, puntualiza.

Creaciones propias, arreglos y rescate de piezas tradicionales de la música chilena forman parte del repertorio musical del Ballet Folklórico de la Casa de Estudios. En él, “la pieza se construye desde la danza y desde esa perspectiva, lo que sea necesario aportar desde el punto de vista de la música se hace en función de las exigencias de la danza y de un guión también”.

En relación a las temáticas abordadas, Arias señala que éstas son heterogéneas, transitando desde lo religioso hasta lo “profano”. “La verdad es que se escogen diferentes temáticas para armar las obras y en función de eso se construye un guión. Sobre esa base, se desarrollan diferentes cuadros, escenas y de esa manera se va articulando toda la obra del Ballet”, apunta.


Bafute y Bafusach: parte de una misma historia

A juicio de Arias, existe una línea de continuidad entre el Bafute, fundado en 1965, y el Bafusach, que parte formalmente en 1981, tanto en términos humanos como históricos.

Sobre este punto, considera que “a propósito de los 50 años, hay una deuda de gratitud con toda la gente que ha pasado por el Grupo Folklórico, porque lo han mantenido vivo (…). Si este espacio existe hoy día, aparte de la voluntad administrativa, es porque se alimenta del esfuerzo de mucha gente que ha pasado por acá”.

Agrega que, en el marco de esta conmemoración, el Ballet debiera recuperar sus mejores tradiciones, relacionadas “con una coreografía que sea capaz de contar una historia y con una puesta de escena perfecta en términos formales”.

La fiesta del reencuentro

Refiriéndose en particular a la actividad conmemorativa, estima que este reencuentro permitirá “celebrar la vida” generada a partir del grupo, entendido como un espacio de encuentro y convivencia. “Aquí ha pasado gente que se encontró por primera vez y siguen siendo amigos después de 40 años. Es una historia de vida que está vinculada a un origen y se sigue retroalimentando”, pronuncia.

En la misma línea, califica como fascinante contar con integrantes del Bafute nuevamente en el elenco, ya que “son personas que tienen 60 años y que se va a subir al escenario de nuevo (…), bailando de la misma manera que lo hacía 35 años atrás. Eso es particularmente emocionante, no sólo por la cuestión nostálgica, sino porque también ha pasado tiempo y ha pasado la vida. Siento el gran valor de esto no tiene tanto que ver con el horizonte, sino con la fiesta del reencuentro”.

La jornada contará con la presentación de una obra inédita, inspirada en la legendaria artista nacional, Violeta Parra.

Para llevar a cabo “Violeta, entre luces y sombras”, recurrieron a composiciones que recogen la complejidad y ambivalencia de su propuesta artística, dando cuenta de esta dualidad compuesta por luminosidad y sombra dentro de su obra, donde la ternura, el amor y el dolor más lacerante transitan entre medio de sus melodías y poemas. “Tonada del medio”, “El gavilán” o “Volver a los 17” son algunas de las piezas escogidas.

“En este contraste de la vida y la muerte, el proyecto humano se sostiene únicamente por la capacidad de crear. Y con eso celebramos los 50 años del Ballet”, enfatiza.

Invitación a la comunidad

Finalmente, Arias realiza un llamado a toda la comunidad universitaria a disfrutar de este histórico evento. “Diría que este es un momento para recuperar una dimensión de lo humano. Las personas somos sujetos históricos y el presente no se justifica o no tiene sentido, sin referencias a la historia”.

“La invitación es a un ejercicio de reencuentro sobre la base de la perspectiva del tiempo, que nos dice quiénes somos y hacia donde podemos ir”, concluye.

 

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Por Simón Pérez Seballos
Coordinador de Comunicaciones
Fudea U. de Santiago de Chile