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Los claroscuros y desafíos del trabajo en el siglo XXI

Por Ursula Schulz V. (*)

Las perspectivas de empleo en América Latina han cambiado en los últimos años; la diversificación sociocultural, demográfica y económica ha desembocado en las nuevas condiciones del trabajo y, por consiguiente, han impactado las prácticas del quehacer laboral del sector público y privado.

Históricamente el trabajo ha sido considerado como una forma de sometimiento, de castigo, o bien de esclavismo, lo que ha generado que en la Región el trabajo no sea motivo de goce o disfrute. Desde la lógica de la modernidad, el trabajo ha sido conceptualizado como una estrategia de supervivencia en el mundo, regido por la economía neoliberal. Esto implicaba antaño, que las personas trabajaban manteniéndose en la misma organización por decenios o durante toda su carrera laboral. La estabilidad era la premisa y, por lo mismo, las personas estaban sometidas a lo que un/a jefe/a pudiera exigir. El programa era desarrollarse individualmente en una empresa o institución, e identificarse con la marca de la misma.

Ahora bien, las nuevas generaciones, contextualizadas en la postmodernidad o modernidad radicalizada, ya no funcionan bajo los parámetros antes señalados, sino más bien desde la fragmentariedad, la conectividad y la diversidad. Es más, hoy no se trata solo de generar un valor para una compañía o institución, sino también para los equipos de trabajo, para la sociedady el medioambiente. En muchas ocasiones, esto conlleva ala posibilidad de constituirseen el propio/a jefe/a, con el fin de independizarse de las viejas estructuras.

Esta nueva forma de enfrentar el trabajo, puede entenderse como una alternativa que se abre desde nuestra identidad latinoamericana, para constituirnos como núcleo del emprendimiento e innovación. Nuestra historia, nuestros desafíos, nuestras carencias, hoy pueden ser plataforma de trabajo independiente en pro del desarrollo social y medioambiental.

Ante este escenario, las lógicas del trabajo se tienen que ajustar a nuevas realidades. Si bien en la actualidad conviven diversas generaciones en el mundo del trabajo, éstas se critican mutuamente; por ejemplo, las generaciones más antiguas no entienden por qué los jóvenes valoran tanto estar siempre conectados o toman la alternativa de renunciar a un “buen” trabajo para asumir el desafío de emprender o, simplemente, viajar. En contraposición, las nuevas generaciones critican los sistemas burocráticos, las estructuras y la necesidad de estabilidad de los y las trabajadores/as más antiguos/as.

Los llamados millenials (ingresaron a trabajar en el nuevo milenio), aumentan cada día; y mientras el mundo laboral no se adecue a ellos,  algunos ya se erigen en agentes de cambio para crear nuevasformas de trabajo. Lo que entendíamos como paciencia, hoy ha desaparecido. El cambio es la premisa.

Existen valientes innovadores que han hecho realidad estos nuevos principios -por ejemplo en lo que hoy conocemos como “Empresas B”-, por consiguiente se han atrevido a redefinir desde el interior, los preceptos del sistema neoliberal. Lo que proponen es que el éxito empresarial no se define por el enriquecimiento personal de los y las socios/as de la organización, sino por la ganancia que impacta social y medioambientalmente.

Este impacto constituye una evidente re conceptualización, una nueva manera de mirar el mundo y que nos muestra la posibilidad de repensar nuestras estrategias, políticas y legislatura. La pregunta es si estamos dispuestos a hacerlo, porque toda elección es una renuncia, y este caso no es la excepción. Implica una decisión nada menor: perder poder individual, para ganar poder en las comunidades, de modo que haya igualdad de acceso a trabajos con remuneraciones justas.

Las tendencias del mundo del trabajo asociadas al teletrabajo, a jornadas parciales, a redes sociales, entre otras, han devenido en la realización de las expectativas de quienes conforma hoy, la nuevafuerza de trabajo.  Estostrabajadores y trabajadorasaspiran a desempeñarse en algo que les haga sentido, a disfrutar lo que hacen, tener tiempo libre y percibir remuneraciones justas. Su compromiso con la empresa o institución nace, se hace y deshace según las causas que los motivan, pero claramente, ya no es estático. Esta nueva perspectiva no es menos profunda ni relevante, sino que tiene una configuración diversa. Por lo mismo, el rápido cambio de un trabajo a otro no implica menos noción de responsabilidad, es sólo una nueva noción de lo que es “trabajar”.

Desafíos


En atención a lo anterior, y a pesar de lo difícil que ha sido poder sacar adelante las tan necesarias reformas educacionales y laborales en Chile, cabe considerar las nuevas lógicas del trabajo para crear legislatura adaptada a la realidad actual, así como estructuras de políticas públicas que puedan hacerse cargo de estas tendencias.

No hay que negar que en la Región, aún tenemos mucho por desarrollar en términos del trabajo precario, donde los más afectados son mujeres, jóvenes e inmigrantes (legales e ilegales), es decir, gruposque, además, pueden encontrarse dentro de los estratos socioeconómicos más vulnerables en todo sentido. Dada la desaceleración de los mercados, nos hemos visto afectados por la desocupación, por el aumento de las jubilaciones y por el trabajo transitorio, generando que hoy sea nodal hacerse cargo de esta situación a partir del rol social que les compete a los gobiernos. Esto evidencia la importancia ética en las instituciones, la calidad de vida en el trabajo, como también los aspectos de balance vida-trabajo.

Dado que no podemos acceder a una respuesta única, podemos trabajar con estos fragmentos de la realidad y en función de ello desarrollar un contexto mejor para trabajar y construir sueños no sólo desde la perspectiva individualista, sino también desde la comunitaria.

La ideaes potenciar espacios para la diversidad, apoyando el desarrollo integral de las personasen lo económico, lo social y cultural, tanto a nivel país como latinoamericano. En este contexto, la invitación es a una apuesta…

Debemos apostar por la creación de políticas e iniciativas de desarrollo del mundo del trabajo en pro de las necesidades de todos los actores involucrados, junto con propiciar una relación de sólido resguardo de todas aquellas medidas que se enmarquen en estos propósitos. En esta línea, los conceptos de “unión y fuerza”  no son mera consigna.

 (*) Directora Ejecutiva Fundación de Egresados y Amigos (FUDEA) de la Universidad de Santiago de Chile.
Psicóloga Social Organizacional, Universidad de Santiago de Chile.

- Publicado originalmente en la edición de Marzo 2016 de Le Monde Diplomatique.