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Francisca Anríquez, socia y Profesional Enseña Chile: “Mi propósito es despertar la curiosidad en mis estudiantes”

Francisca es Ingeniera en Alimentos de la U. de Santiago de Chile y socia de la Fundación de Egresados y Amigos del plantel. Sin embargo, su carrera profesional tomó un camino muy diferente al esperado. Desde Alto Hospicio, cuenta cómo ha sido su vida como profesora de Química y Biología. Señala que, si bien la experiencia ha sido difícil, es muy gratificante cuando ve lo mucho que puede entregar a cada uno de sus alumnos.

¿Cómo llegó a ser hacer clases a una región extrema del país y qué ha significado para ella dejar un trabajo prometedor para poder ir a enseñar?

Revísalo a continuación.

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Francisca Anríquez estudió Ingeniería en Alimentos en la Universidad de Santiago de Chile y hasta el año pasado trabajaba como Supervisora de Aseguramiento de Calidad en una empresa de azúcar.

Sin embargo, a pesar de tener una buena posición, algo faltaba.

“No me gustaban las condiciones laborales de los operarios, los trataban como máquinas y pensaba qué propósito tenía estar trabajando en esto”, cuenta.  

Un aviso donde la palabra “compromiso” destacaba, llamó su atención y cambió el rumbo que hasta entonces tenía su vida. “Fue muy impulsivo” explica entre risas. “Un día en Facebookvi una foto donde aparecía la frase ‘Se busca Compromiso’ y para mi esa palabra, “compromiso”, es muy importante, entonces empecé a investigar y me dije ‘esto es lo que yo quiero, un trabajo donde esté aportando’. Aparte era en educación, algo por lo que veníamos luchando desde hace tanto años a través de los movimientos estudiantiles”.

En octubre de 2015 postuló para convertirse en Profesional Enseña Chile (Pech) y a los dos días renunció a su trabajo, “dando por hecho que yo ya había quedado y me iba al sur”.

En menos de tres semanas ya sabía que estaba dentro de la Fundación y que se iría, eventualmente, a trabajar a Aysén. Pero nuevamente un llamado la sorprendería.

“Fue muy chistoso, porque a toda mi familia y amigos les había dicho que me iba para el sur; un día me llama la Paulina Olguín (Directora Regional de Enseña Chile en Tarapacá) y me comenzó a explicar que recién desde ese año comenzarían en la región, que necesitaban a diez profesionales para ir a hacer clases a colegios donde no había profesores, pero que solo tenían a dos”.

Primero Francisca pensó en todos los pros y contras de irse al norte, “lo verdeo lo desértico, el frío o el calor”, cuenta.

“Paulina me habló de los altos índices de vulnerabilidad en Alto Hospicio y ahí me di cuenta que en realidad daba lo mismo a dónde me fuera, no me iba por lo que es la ciudad sino que porque se necesitaba así que le dije que sí”.

Francisca es de Antofagasta y a los 10 años se trasladó a Cartagena donde estudió en un liceo al que no llegaban libros de Biología.

“Imagínate, siendo un pueblito que queda tan cerca de Santiago, éramos cinco primeros medios y llegaban para un curso, entonces si eso pasa en un pueblo que queda al lado de Santiago, entonces en zonas extremas es peor. Mi criterio fue que, si iba a trabajar como Profesional Enseña Chile, entonces tenía que ser en una zona extrema”. Y se fue a Iquique a vivir por los siguientes dos años.

“Es difícil, pero los estudiantes hacen que todo lo valga”

Francisca está en su segundo semestre como profesora de Biología y Química en el colegio Rupanic School de Alto Hospicio, donde ha generado un vínculo muy especial con sus estudiantes. “Al principio no entendían que yo no fuera profe, que fuera ingeniera, y porqué me había venido desde tan lejos solo para hacerles clases a ellos. Además, yo me imaginaba que iba a entrar a una guerra pero ellos son muy respetuosos y se portan súper bien en clases”, cuenta.

El problema no ha sido hacer clases, sino la enorme brecha que existe entre sus estudiantes. “En mi jefatura tengo un apoderado que es profesional, los demás algunos terminaron la básica y muy pocos finalizaron la enseñanza media. Entonces, no hay apoyo de los padres en el sentido académico”, explica la usachina. Por otro lado, muchos viven en tomas donde deben dormir cinco en la misma habitación y el pequeño espacio en el que habitan no es el más propicio para estudiar.

“Los resultados del Simce son muy malos en comprensión lectora y operaciones básicas. La otra vez estábamos revisando las estadísticas del colegio y la brecha que ellos tienen es de más de dos años en cuanto a contenido, hay cosas que yo les pregunto y no tienen remota idea, y son contenidos que ellos debiesen haber visto en años anteriores, entonces con ellos hay que partir desde menos de cero. Eso es lo complejo. Lo bueno es que la mayoría de los profes del colegio tiene vocación y se entregan mucho; a los niños hay que darles, sobre todo, afecto porque están muy solitos”.

La relación de Francisca con sus estudiantes es muy buena porque, desde el principio, la construyó en base a la confianza mutua y el respeto. Además de las clases de Biología y Química, hace los talleres de drogas y sexualidad donde puede ahondar en temas que a ellos más les complican, pudiendo acercase mucho más a cada uno y, al mismo tiempo, desarrollando habilidades socioemocionales como la empatía.

“Aprovecho harto esas instancias para que conversemos, ellos me preguntan más sobre mí, la experiencia en la universidad y ahí vamos generando ese vínculo que en las horas de Química y Biología no podemos porque es solo un bloque y el currículum es demasiado extenso”.  

Algo que le costó mucho al comienzo fue priorizar con los contenidos y se estresaba, pero lo habló con su tutor, Ramiro Hurtado, y se dio cuenta de que eso no era lo más importante, “al final mi propósito es despertar su curiosidad. Porque si tienen curiosidad, van a poder aprender lo que quieran, que busquen respuestas y así se las pueden ingeniar de distintas formas”.

Francisca así resume su experiencia: “Eso es lo que me hace sentir que sí vale la pena el estar lejos, el no poder comer lo que me gusta porque acá –en Iquique- los vegetales son muy caros, el no estar en mi zona de confort. Mis estudiantes me hacen sentir que lo valen. Cuando ellos se me acercan para contarme sus problemas, ahí pienso ‘esto lo vale’. Hay momentos por ejemplo a fin de semestre o en revisiones de pruebas en los que no les va tan bien y uno se frustra un poco, pero todo lo demás lo vale”.

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Por Francisca Vergara