La historicidad de lo invisible

Ana Gálvez Comandini (41), es la primera titulada del Doctorado en Historia de la Universidad de Santiago de Chile. La profesional, quien se ha especializado en la historia de las mujeres  en Chile –no destacadas por la historiografía tradicional-, proporcionó algunos aspectos de su destacada trayectoria académica, que la han consolidado como un referente dentro de su campo de estudio.

Todo esto, en el marco de un ciclo de entrevistas realizadas por la Fundación de Egresados y Amigos (Fudea) en conjunto con la Vicerrectoría de Postgrado.

Si tuviera que definir un hobbie preponderante, Ana no tiene dudas: la lectura. Ese que le ha permitido reflexionar, emocionarse y descubrir aspectos subrepticios, aparentemente fugaces, tanto de la historia como de la condición humana, es un eje fundamental dentro de su vida.

Su vínculo con los libros comenzó en su niñez, en tiempos donde el internet o los smartphones no eran alternativas de entretención infantil. En ese periodo de infancia, junto a su hermano, tenían el hobbie de leer las ya míticas historias de Papelucho creadas por Marcela Paz, coleccionando sus tomos sagradamente. “Yo creo que con él comencé a cultivar mi amor por la lectura”, recuerda con nostalgia.

Dicha pasión la ha sembrado también dentro de su campo profesional, complementándola con su afición hacia la literatura nacional de principios del siglo XX, destacando a autores como Joaquín Edwards Bello, Augusto d'Halmar o José Santos González Vera, quienes, bajo su mirada, “no están hablando del romanticismo, sino que muestran el lado oscuro de la sociedad. Eso me llama mucho la atención”.

La profesional, quien se reconoce como una seguidora del “arte de la cocina” y una ferviente animalista, ingresó al programa de Doctorado en Historia de la Casa de Estudios el año 2014. Anteriormente, estudió Licenciatura en Educación y Pedagogía en Historia (UMCE), además de realizar un Magister en la Universidad de Chile.

Al ser consultada por su preferencia hacia el programa y a la Universidad en particular, afirma que el Departamento de Historia del plantel es muy potente y “siempre tuve la inquietud de cómo sería estudiar Historia en la Universidad de Santiago de Chile”. Tanto las publicaciones como las investigaciones de los académicos del Departamento, fueron aspectos que la motivaron a incorporarse.

Pese a dudas iniciales de su parte, relacionadas con lo atractivo que podría ser o no su tema de investigación para el programa –relacionado con la historia de la mujer,- su propuesta de investigación y su curriculum gustó mucho, tomando la decisión de incorporarse al Doctorado.

Sello de solidaridad y compañerismo

Para Ana, el programa, junto con permitirle profundizar en su propia línea de investigación, también le posibilitó formarse académicamente en áreas como Filosofía de la Historia, Escuela y Debate Historiográfico, entre otras, “que uno va tocando tangencialmente en la formación, pero tener estos cursos en verdad te ayuda mucho a enfocar tu investigación”.

Junto con la calidad académica, destaca el grupo humano que pudo conformar, poniendo énfasis en la generosidad y fraternidad presente. “Si bien es un espacio con una exigencia académica muy alta, el nivel de solidaridad y compañerismo entre los propios estudiantes me parece que es notable y destacable”, enfatiza.

A su juicio, esto es muy relevante, ya que la presión y competencia presente dentro de programas de postgrado se manifiesta con mucha fuerza, pero “acá no, sino un compañerismo muy generoso. Yo eso de verdad lo agradezco, porque son cosas que no he visto en otros programas”.

En la misma línea, acentúa en el vínculo con nuevas generaciones del programa, donde “también se ha dado ese lazo de colaboración, que es tremendamente importante para formar redes académicas y de trabajo en un espacio que es bien competitivo”.

Junto con diversas ponencias y presentaciones relacionadas con su tema doctoral, destaca su incorporación a la Red Latinoamericana “Red Historia y Justicia”, que conoció en la ciudad de Rio de Janeiro. “Postulé a una ponencia, sin conocer a nadie y también tuve una buena acogida ahí. Conocí a muchos chilenos y chilenas, que estaban trabajando con fuentes judiciales como yo”.

Ana se ha especializado en historia de las mujeres en Chile (1850-1950), no destacadas por la hegemonía tradicional, puntualizándolas como “estas actrices subalternas de la historia. Y he tomado especial preocupación por el tema de la prostitución, que actualmente es trabajo sexual. Hago siempre la aclaración, porque las trabajadoras sexuales en el presente se sienten muy ofendidas cuando uno habla de ellas como prostitutas. Yo ocupo el concepto de prostitutas en el pasado, porque no existía el concepto de  trabajadora sexual. Y como buena historiadora, no puedo usar términos anacrónicos”.

Al explicar por qué eligió este foco investigativo, afirma que se explica “básicamente para demostrar que esta parte invisible de la historia tradicional y de la historia de las mujeres es una historia relevante. Son sujetos históricos que tienen una historia que contar, que no son sujetos estáticos en el tiempo (…). También van cambiando, se van acomodando, ajustando, resistiendo muchas veces a los cambios. Y, en el fondo es eso: demostrar la historicidad de lo invisible”.

También somos sujetos históricos

Junto con reconocer los avances que se han desarrollado con fuerza en los últimos años en torno a la historia de la mujer, considera que aún hay desafíos por abordar.

“Por algo tenemos el movimiento social feminista demandando educación no sexista, donde la Historia es una disciplina absolutamente privilegiada para poder indagar en ese aspecto. Porque la Historia o el pasado histórico en general, ya sea en Chile, universal o latinoamericano, se suele mirar con ojos masculinos y lo que se suele relevar son las categorías donde los hombres se han destacado históricamente”, recalca.

Este escenario, a su juicio, ha invisibilizado la historia de las mujeres. “Las mujeres al estar relegadas al espacio privado, por decirlo de alguna forma, no tenemos mucha participación en el ámbito político , económico, estratégico de guerra, que son los ámbitos que a uno le enseñan en Historia donde los hombres se destacan”.

Como contrapartida, la académica señala que hay otras trayectorias femeninas que “han sido consideradas como no históricas  y que a mí me interesaría rescatar: maternidad, salud, enfermedad, alimentación. Que son los aspectos en los que las mujeres se han hecho cargo históricamente en la política de los cuidados y la reproducción, que han sido considerados como categorías no históricas”.

En este sentido, considera clave avanzar hacia una la modificación de los planes y programas de estudios que emanan del Ministerio de Educación. Para la especialista, “esto es importante, porque generalmente cuando uno aprende Historia en la escuela, las mujeres aprenden rápidamente que no somos sujetos históricos relevantes. Eso también te enseña simbólicamente cuál es tu lugar en el mundo y cuál es tu lugar dentro de las jerarquías de poder en el mundo político”.

“Y eso, en el fondo, es lo que hay que revertir desde la Historia. Enseñarle en la sala de clase que tanto mujeres como hombres han sido relevantes en la conformación de determinados procesos históricos, algunos quizás con mayor protagonismo, pero también las mujeres dentro de otros cambios que han sido invisibilizados históricamente. Decirles a las niñas, nosotras también somos sujetos históricos importantes, también tenemos algo que decir y también tenemos derecho a tener voz en la Historia”.

Finalmente, la profesional realiza un llamado a la comunidad de egresadas y egresados, que se desempeñan tanto en el mundo privado como público, a promover políticas de igualdad en los espacios donde ellos tienen poder en la toma de decisiones, “porque, en el fondo, eso va a hacer la diferencia finalmente”.

Complementando el punto, junto con valorar los cambios en materias legales que han permitido normar distintos tipos de abusos y discriminaciones contra la mujer, estima que necesitamos como sociedad cambios culturales importantes y estos “se pueden propiciar a partir de políticas. Donde las instituciones se hagan responsables de generar estos cambios al interior de su propia orgánica, capacitando a funcionarios/as, a académicos y académicas,  al estudiantado en general, respecto de cuáles son las políticas de igualdad y equidad que hay que promover para generar este empate que estamos buscando, para que las mujeres puedan visibilizarse, parecer y ser valoradas también en sus funciones”.

Texto y foto: Simón Pérez.

* Pueden conocer más sobre la investigación de la doctora Ana Gálvez en la entrevista realizada por la Facultad de Humanidades: https://www.fahu.usach.cl/noticias/ana-galvez-comandini-primera-doctora-en-historia-de-la-universidad-de-santiago-de-chile